En el salón comunal del Balneario Buenos Aires, cada semana se respira algo más que deporte: se transmiten valores.
Daniel, cinturón negro cuarto dan e instructor con más de 20 años de trayectoria, lleva adelante un proyecto de clases de karate con un fuerte enfoque social, promovido por la Intendencia de Maldonado.
Más allá de la técnica, su propuesta busca formar personas: respetuosas, perseverantes y comprometidas.
Charlamos con él sobre su trabajo, su visión y los sueños que comparte con la comunidad.

¿Cómo surgió la idea de dar clases en el salón comunal?
– «Siempre tuve claro que el karate no es solo un deporte, sino una forma de vida. Cuando me mudé al balneario, quise que la práctica fuera accesible para todos, sin que el dinero fuera un obstáculo.
Hoy, gracias al apoyo de la Intendencia de Maldonado, este espacio funciona de forma abierta y gratuita.”
¿Qué valores destacás en la enseñanza del karate?
– «Respeto, disciplina, esfuerzo, humildad. En cada clase se trabaja la técnica, sí, pero también la formación personal. El dojo no es solo un lugar para pelear, es un espacio para crecer.”
¿Cómo es el grupo de alumnos?
– «Hoy tenemos desde niños de cinco años hasta adultos de más de cincuenta. Ver la evolución de cada uno es increíble. Algunos empezaron muy tímidos y ahora tienen más seguridad, tanto dentro como fuera del tatami.”
¿Qué desafíos enfrentás trabajando en un espacio comunitario?
«Contamos con los recursos necesarios, incluido un tatami propio, y el respaldo de la Intendencia.
El apoyo de la comunidad es siempre bienvenido y valorado.”
¿Qué sueños tenés para el grupo?
– «Que crezca, que podamos competir y representar a nuestro balneario.
Pero, más que las medallas, lo que quiero es que cada alumno encuentre en el karate una herramienta para su vida.”
Con pasión, compromiso y humildad, Daniel demuestra que el karate es, ante todo, una escuela para el alma.




