Con 53 años, una historia de vida que une la gastronomía, la educación y las artes marciales, Daniel encontró en el karate un vehículo para transformar vidas. Hoy, desde los centros comunales de Maldonado, transmite valores tan necesarios como el respeto, la disciplina y la humildad.
Oriundo de Montevideo y residente en Maldonado desde 1999, Daniel comenzó su vínculo con el karate desde joven, practicando estilos japoneses. Pero fue a partir del año 2000, ya instalado en el departamento, cuando su camino se cruzó con el maestro Fontora, quien lo introdujo al karate coreano. “Ahí empezó una nueva etapa para mí, que más adelante terminaría siendo un cambio de vida”, recuerda.
Durante años combinó su pasión por las artes marciales con su trabajo principal en el rubro gastronómico.
Administraba cantinas escolares con una propuesta de alimentación saludable, y trabajaba en la temporada en paradores de playa.
Recién en 2010, ya con el rango de cinturón negro —representado en su escuela por el azul marino, por una visión filosófica que evita el negro como símbolo de luto— comenzó a enseñar karate.
Un nuevo comienzo: del emprendimiento familiar a la vocación
“Hasta hace poco, lo que me generaba ingresos era mi empresa familiar. Pero el arte marcial fue ganando espacio.
Desde 2024, brindo clases gratuitas gracias al apoyo de la Intendencia, en comunales de Balneario Buenos Aires, El Chorro, El Tesoro y también en el Centro de Grandes Carolinos en San Carlos”, explica.
Uno de los desafíos fue adaptar la propuesta para personas mayores.
“En San Carlos lo presentamos como taller de movilidad. Si decíamos ‘karate’, capaz se asustaban. Pero se fueron sumando, y lo que han logrado es increíble: mejoraron físicamente, en autoestima, en su manera de enfrentar la vida. Muchas personas viven la etapa de los 60 con cierta soledad, y esto les abrió otra puerta.”
Más que técnica: una filosofía de vida
En los grupos del Balneario Buenos Aires, participan niños pequeños, adolescentes y adultos.
“Además de la parte física, que ayuda a liberar tensiones y mejorar la flexibilidad, trabajamos en los valores. Hoy parecen olvidados, pero el respeto, la disciplina, la humildad siguen siendo pilares fundamentales para crecer.”
Daniel practica y enseña bajo la filosofía Mudo, del maestro coreano Won Kuk Lee, considerado el padre del karate coreano moderno, nacido en 1914. “Nos dejó cinco valores que lo dicen todo: historia, tradición, disciplina, filosofía y técnica. La técnica viene al final. Antes está todo lo que construye el carácter.”
Con vocación y entrega, Daniel enseña que el karate no es solo para jóvenes ni para competir. Es un camino, para todas las edades, para toda la vida.





